sábado, 6 de febrero de 2016

Volviendo en coche.

Voy a abrir el blog con una anécdota para ir calentando, rompiendo el hielo. 
 La economía tiene un problema muy simple que es que hace que nos compliquemos mucho la vida. Se mete a medir todo tipo de cosas donde se mueva algo dinero, por lo cual acaba cometiendo muchos errores. Hay muchas cossa que no puede medir. Se pueden hacer estimaciones, puedes decir cosas a ojo, pero sabes que no es exacto, y que estás haciendo muchas presuposiciciones. Puede ser útil comprender los actos económicos algo mejor, pero tiene sus límites.
Hace unos meses fui a un pueblo con un grupo de amigos a pasar un fin de semana. Habia cosas artísticas extrañas, de arte con la naturaleza. Así que fuimos el sábado por la mañana y volvimos el domingo por la noche. Como muchos del grupo, no teníamos carnet de conducir ni coche, nos organizamos y nos llevó una amiga que tenía coche.
Disfrutamos. Fuimos pagando las diferentes cosas según quien tenía la cartera más a mano en el momento.Y en la vuelta, en el coche, cuando quedaba un buen rato para llegar a nuestra ciudad, nos pusimos a ajustar cuentas.
Los gastos del lugar nos quedaron claros Tanto de alquilar la casa, tanto de comprar la comida. Lo pagamos a partes iguales y nos quedamos contentos.
En el viaje en coche de vuelta nos pusimos a hacer cuentas sobre el gasto de transporte, y agradecí que nos llevásemos tan bien con la conductora.
Lo primero que se nos ocurrió medir fue el coste del combustible. Se nos ocurrió medir la gasolina gastada. Más o menos, a una velocidad media del  recorrido, cuánta gasolina había gastado y cuánto costaba el litro. Hicimos cuentas, y más o menos teníamos una idea.
Lo siguiente fue que ella vivía en una ciudad distinta. Había recogido a una chica y había pasado a recogernos en nuestra ciudad, y ahora daba un rodeo para dejarnos en nuestra ciudad e irse a la que trabajaba el día siguiente por la mañana. Así que pensamos cómo compensar que hubiera pasado por nuestra ciudad. Es decir, hasta qué punto compensar que hubiera hecho un recorrido más grande para pasar por donde vivíamos. Nuestra ciudad estaba más cerca que la suya del pueblo, pero siguió dando un gran rodeo para llevarnos de camino a donde dormiría.
Luego pensamos en medir el desgaste que había tenido su coche. Si un coche puede hacer cincuenta mil kilómetros, o los que sean, y había hecho novecientos esos dos días (que podría haber hecho otra persona, o podríamos haber alquilado un coche, o podríamos haber venido en bus), habría que medir el desgaste del coche para calcular el coste material real. Tal vez el seguro cubriese una parte, por lo que también habría que pagarlo, pero seguro que no compensaba del todo porque el coche se quedase viejo de usarlo. Aunque si no fuera por el viaje el coche ya comprado podría haberse quedado sin uso, si no hubiese sido por nosotros.
Después empezamos a pensar en que se había cansado mucho. Entre llevarnos a nuestra ciudad, el descanso, e ir a la otra, había estado conduciendo cinco o seis horas. Llegó a casa muy tarde, y el dia siguiente madrugaba. Su situación laboral podría cambiar por hacernos ese gran favor, y probablemente el día siguiente tuviera que cansarse mucho en el trabajo, y no rendiría igual de bien.
También pensamos que no había bebido nada de alcohol antes de salir la noche anterior, cuando no estaba claro cómo ibamos a volver. Sí, en parte por gustos, pero también en parte porque sabía que tendría que conducir y no era bueno que tuviera ni resaca ni siguiera algo borracha. Lo tenía bien claro. Y aunque era un fín de semana de desmadre, tuvo que tener una dieta sana, comparativamente más que los demás. Ni siquiera lo mencionó o dijo que fuera relevante, pero había pasado igualmente.
Luego empezamos a considerar más cosas. Por ejemplo, prácticamente solamente hacía viajes pequeños por su ciudad. Había hecho viajes así de molones muy pocas veces. Así que había algún riesgo de que tuviera un accidente. Incluso aunque no fuera culpa suya ni pudiera predecirlo. Tal vez se pinchara una rueda, o pasara algo al motor, o lo que fuera. En ese momento era una nueva conductora.
También pensamos algo del carnet de conducir. España está en el podio mundial de lo que cuesta sacarse carne de conducir, tanto tiempo como dinero. Así que deberíamos compensarle algo porque nos llevase a los sin-carnet.
Además empezamos a ver que se había aburrido al volante. En la ida le dábamos conversación, estábamos llenos de marcha, pero a la vuelta estábamos en las últimas. Estábamos tan cansados que nos quedamos todos prácticamente dormidos durante el recorrido menos ella, y fue tan amable que no nos despertó para que le entretuviéramos ni puso música alta.
Y estábamos taaan cansados. Llevábamos dos días al 100%, y no nos apetecía pensar mucho más a esas horas. Así que no nos complicamos tanto la vida. Hicimos algo a ojo. Tal vez a ojo de microeconomista avanzado, pero lo hicimos igualmente a ojo.
Fue tan amable que no discutió una vez habíamos decidido algo. A esas horas estaba tan cansado que no me fijé en qué quedamos. Creo que se acabó dándole un poco más que el gasto estimado en gasolina y la comida que no nos habíamos comido, y una profundización de la amistad entre todos nosotros, que a estas alturas no me atrevo ni quiero intentar tasar.

1 comentario: